sábado, 14 de marzo de 2009

Cinco años ya...

  Cuando ocurrió la desgracia del 11-M yo trabajaba en un instituto en Alcalá de Henares, a 30 kilómetros de Madrid. En Alcalá tomaron los trenes los terroristas que pusieron las bombas, y muchos afectados por ellas fueron vecinos de Alcalá. 


El día 11 pasó confuso, con aquella riada de sangre y muerte que se iba acrecentando por momentos. 


Cuando el día 12 entramos en las aulas vimos que, como todos los días, faltaban alumnos en ellas. Pero ese día estábamos más pendientes de quienes eran los que no habían llegado. En la sala de profesores empezamos a pensar que la ausencia de alguno podría estar relacionada con el atentado del día anterior. 


El día 13 había faltas que se nos hacían sospechosas. Así que los que éramos tutores empezamos a llamar por teléfono. 


-”Buenos días, llamo del instituto donde estudia Beatriz, soy su tutor, quería saber por qué no ha acudido a clase en los dos últimos días.”


Era una pregunta nada inocente hecha con mucha precaución, que encerraba el temor a escuchar aquello que nos temíamos.


En una de aquellas llamadas supimos que el padre de Ana y de Paco viajaba en uno de los trenes y que murió en el atentado. 


Unos días antes mi hermano José Luís había muerto en accidente de tráfico y mi dolor se unió al dolor de los familiares de las víctimas. Una especie de triste empatía. 


Hace ya cinco años de aquello...




14 comentarios:

Antonio dijo...

Aquel curso estaba ya en Valencia, pero el anterior había estado en Móstoles. La estación de Atocha había sido un clásico en mi vida durante bastante tiempo. Mientras veía las noticias con el estupor de millones de ciudadanos, recordaba las caras somnolientas de tanta gente con la que había compartido trenes de cercanías. Y el horror estuvo ahí conmigo durante días, semanas...

Clares dijo...

Yo trabajaba en un instituto de Archena y no dábamos crédito a lo que íbamos oyendo. Nos quedaba lejos pero muy cerca en cuanto al horror que era aquello. Una compañera llegó diciendo que los vascos se desvinculaban de aquello. Todo el mundo estaba consternado y se hizo un minuto de silencio en el recreo, que se consiguió por completo hasta entre los más pequeños.
Luego en casa, el espanto de las primeras imágenes. Fue una convulsión nacional.

Vero dijo...

:( Yo justo estaba haciendo un control de alemán entonces. No me lo creía... en el 11-S justo estaba haciendo un examen también. Pensé que quien me dio la noticia me estaba gastando una broma pesada. Fue lo primero que pensé, creo que porque no quería tener que creerme la alternativa. Una vez más.
... y pensar que hay quienes sufren horrores de ese calibre, una y otra vez, una y otra vez, y pensar... que hay quienes son causa de ellos, una y otra vez, una, y otra vez... no entiendo nada. Nada.

Marta dijo...

La verdad es que aquel día fue bastante confuso para todo el mundo. Nosotros estabamos en clase y aquellos que habían faltado en las primeras horas, nos iban trayendo noticias más malas cada hora que pasaba.
La verdad es horroroso que esas cosas sucedan y más aún sin un porqué y la impotencia que te crea.

Anónimo dijo...

Yo ya era muy mayor, 71 años, y me sacudió la noticia como si tuviera cuarenta. Me daba perfecta cuenta del alcance que tenía el suceso y de las consecuencias ulteriores. Del inmenso dolor que provocó, véase por ej. a Pilar Manjón cuyo hijo muerto no se le desprende de encima. Cuántos así, que no aparecen en los medios... De entre las cosas positivas que se vieron, aparte claro es, de la ayuda in situ a los afectados, que fue ejemplar, fue la no incriminación que hizo el pueblo madrileño al colectivo musulmán que habita entre nosotros. Todo un modelo para otros países y para otros momentos.
Conocí la muerte de tu hermano a los pocos días en un accidente. Sé que tu madre, especialmente, no se desprende in mente de aquella tragedia. Es tremendo cómo una muerte puede cambiarnos la vida.
Y es que asumir la muerte como algo inherente a nosotros, no es fácil: sí lo es sobre el papel, que aguanta todo, pero no en la cruda realidad...
Adelante, padre de mi nieto. Sigue deleitándonos con tus comentarios.
Tu suegro (vulgo, padre político)

Anónimo dijo...

Siento mucho lo de tu hermano... Y lo de toda esa gente... Ha pasado ya tanto tiempo... Me he quedado sin palabras...

Faithfully, Inma.

betelgeuse dijo...

ay profe, profe, no se olvidan fechas así, ni lo de tu hermano ni lo del 11M, aun cuando pase bastante tiempo.la memoria es necesaria precisamente para ésto.Recuerdo una mañana convulsa el día 12 en las clases.Yo entraba y escribía sin decir nada la famosa frase:no hay caminos para la paz, la paz es el camino.de alguna manera me sentía responsable de transmitir más que nunca serenidad y reflexión, pero los ánimos estaban muy agitados, sobre todo entre los mayores.afortunadamente estabamos cerca por aquellos tiempos, y pudimos compartir.que así siga profe,aunque no sea en el aula de al lado.un beso

Miguel dijo...

Triste fecha la del 11-m. ¿Qué decir? hoy me he vuelto a quedar sin palabras, como hace cinco años.
Un saludo.

Joselu dijo...

Yo viví aquella jornada dando las clases habituales. Había profesores que tenían puesta la radio e iban llegando noticias confusas pero progresivamente más desoladoras. El primer pensamiento fue que había sido el terrorismo vasco. Me quedé sin palabras, como todos los anteriores comentaristas. A lo largo del día, leyendo la prensa internacional y después de haber oído a Arnaldo Otegi, me di cuenta de que algo no cuadraba. A eso de las ocho de la noche ya tenía claro quién no había sido. Editamos una revista en el colegio que llevaba una portada con una viñeta de Forges que rezaba: "Madrid, al cor". En el corazón llevamos a todos esos madrileños, víctimas brutales del sinsentido. ¡Qué banal es el horror!

caperucitazul dijo...

Aquel año yo todavía estaba en la Universidad; qué duro debe ser pensar que la tragedia afectaba de manera directa a nuestros alumnos.
Hace unos días murió en un accidente de tráfico uno de los míos, junto a su padre. Hasta ese momento no me había dado cuenta lo apegada que estoy a ellos...
Un saludo

Mayalen dijo...

Hola profe!, pensé que te tenía enlazado a mi blog, pero no te encuentro así que lo haré de inmediato. Aquel día mis padres iban a Madrid a casa de mi hermana. Iba de viaje al instituto y hasta que puede hablar por teléfono con mi madre y comprobé que su tren era para más tarde......no se.
¿Que dura es la vida verdad?, pero... tambien es contradictoria y tiene tantas cosas lindas. Hoy hace un día soleado, estoy esperando que se levante mi hijo para ir al parque, sentarme en una terracita que hay a tomarme un café y descansar un ratito "tranquilita" depués de tanto tatuaje.
Besos y ánimo con la vida y con el blog. ¿Que pique verdad?
más besos

Anónimo dijo...

Yo tenia la radio puesta pero estaba dormida y empecé a soñar que estabamos en guerra y se habia perdido mi hermana, me desperté creyendo que era una pesadilla, pero no, eran las imagenes que construia mi cerebro al escuchar la noticia.
Estuve todo el día llorando.
Tambien lloré mucho el 24 de febrero.

Antonio dijo...

Me enteré en un bar. Aunque el horror es injustificable, jamás creí que hubiera sido ETA, porque aquélla hubiese sido su muerte.
Yo también perdí un hermano en un accidente de tráfico. Sé lo que es eso. Ánimo.

Lu dijo...

En mi centro se vivió con mucho dolor. Somos especialmente sensibles a estas situaciones y se trató el tema en las aulas. Se hizo una concentración en la pista deportiva en la que se leyó un comunicado de apoyo a las víctimas. Todavía hoy puede leerse en la revista de ese curso.
Días, tragedias así no se olvidan para nada.