En mi instituto alguien ha pegado por las paredes la fotocopia de un artículo aparecido en la prensa, publicado por el diario Expansión, en el que el autor, padre de una chica de secundaria, cuenta la experiencia vivida al tener que cambiar a su hija de centro empezado ya el curso. A mí me parece un artículo bonito, y aquí lo pincho yo. Lo hago sin permiso de su autor, Ángel Guirao; si acaso pasara por aquí, señor Guirao, me gustaría pedirle que no se enfade, y decirle que yo le dejo que utilice TODO lo que quiera de este modesto blog... Ahí van sus palabras.
"Héroes"
Ángel Guirao
"Soy consciente de que el compromiso que adquirí con este periódico consistía en escribir una columna quincenal que versara sobre temas de márketing y comunicación en el marco de mi experiencia profesional. Hasta el momento, con mayor o menor fortuna, creo haberlo cumplido. Sin embargo, voy a aprovechar la de hoy para, bajo la excusa de que un elemento fundamental en la creación y sostenimiento de las marcas es su red de ventas, en la que parece que solamente se piensa cuando se la necesita para impulsar la colocación de un producto, relatar una experiencia personal.
Por causas que no vienen al caso, nos hemos visto obligados a cambiar a nuestra hija pequeña de colegio. Objetivo: encontrar un instituto público en la Comunidad de Madrid en el que hubiera una plaza de primero de bachillerato en el área de Ciencias Sociales con la optativa de italiano como segundo idioma; conscientes de que matricularla empezado el curso conlleva un incómodo proceso de adaptación.
Con este bagaje, al primer lugar donde un padre o una madre se dirige es a la Consejería de Educación, concretamente a la Dirección del Área Territorial de Madrid, para requerir información sobre los posibles institutos que cumplan los requisitos esperados. Pues bien, aquí es donde la red de ventas y la imagen de marca empiezan a hacer aguas. No existe nada parecido a un listado de institutos de bachillerato con plazas disponibles, ni tan siquiera uno que incluya aquéllos que tienen italiano como primera o segunda lengua. En este sentido, también fallan otros vehículos de comunicación e información imprescindibles para el sostenimiento de una marca a día de hoy: el teléfono y la página web. Imposible dar con la información deseada, ni siquiera dirigiéndose a la Inspección Educativa de la Consejería. Sólo existe una solución: visitar los institutos uno por uno.
Por si esto fuera poco, la atención dispensada, no siendo mala, resulta fría y distante, e incluso los modelos a rellenar para realizar cualquier solicitud resultan ser aquéllos de mi adolescencia en los que uno se dirigía a la Administración en términos de Expone y Solicita y siempre dirigidos al Ilmo. Sr, quien era de todo menos un servidor público, probablemente porque no era el público quien le elegía para el cargo.
Con esta imagen de la enseñanza pública, comienza el periplo por los institutos más próximos a tu lugar de residencia. Y se entra en el primero temeroso, huidizo, como intentando no molestar, a ver si le hacen a uno el favor de que su hija pueda estudiar allí. Pero resulta que esta red de ventas no tiene nada que ver con la otra, que es una auténtica red de ventas. La que desearía desde la mas grande de las multinacionales hasta el más pequeño de los comercios. Desde el bedel que te abre la puerta, los profesores que te presentan y saludas por los pasillos, los jefes y jefas de estudio y las directoras de los ocho institutos visitados son los auténticos responsables de que la educación funcione en este país. Con que cuiden de nuestros hijos la mitad de lo que lo han hecho conmigo ya sería bastante. Todo han sido facilidades, han demostrado una eficiencia extraordinaria y un trato amable, poniendo de manifiesto en todo momento que lo menos importante era rellenar papeles, impresos y modelos. Lo importante era la educación de nuestra hija e incorporarla de inmediato, es decir, ese mismo día a esa misma hora. ¡Y luego ya veremos lo que hay que rellenar!
Por eso tenía que escribir esta columna. Para darles las gracias públicamente. No por mi caso personal, sino por demostrarme que los profesores de los centros públicos son unos héroes que se levantan temprano todas las mañanas para dejarse la piel en uno de los terrenos de juego más peligrosos, emocionantes y fundamentales: la educación de nuestros hijos. Y que lo hacen con una dignidad, dedicación y cariño que uno no pensaba que existía. Si alguien pensaba que la vocación no existe y que el mundo se mueve por dinero, que se acerque a los institutos públicos y compruebe su error. ¡Que gran vasallo si hubiese buen señor!"
Gracias, señor Guirao, ¡es usted mi héroe!