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miércoles, 3 de diciembre de 2008

¡Supera tus fantasmas!


Esta mañana cuando iba al instituto (a las 9’15) me he encontrado por el camino con un alumno del centro que iba retrasado. Se llama Sergio y estudia cuarto de la eso. Yo le he tenido en primero, segundo y tercero. En primero tuve un mal encuentro con él que le valió una expulsión inmediata de tres días. Pese a ello, nuestra relación siempre ha sido buena: reconoció su error inmediatamente, no lo ha vuelto a cometer y yo no soy rencoroso. 

Si tuviera que describirle diría que su actitud en clase oscila entre la pasividad e indiferencia más absoluta y el interés y la participación distante. No soporta que se le impongan las cosas sin razonárselas (como le pasa a casi todos los alumnos), le encanta el ajedrez, es un lector compulsivo, mide 1’94, y cursa el programa de diversificación, pese a ser superdotado. ¿Cómo es posible eso? Pues porque su historia familiar es muy (pero muy) complicada y le ha influido tanto como para imposibilitarle seguir el programa normal: es incapaz de enfrentarse a los problemas y dificultades diarias. O, al menos, era incapaz, porque hace un par de días me comentaron en Jefatura que quiere estudiar bachillerato, una maravillosa noticia.
-”Ay, ay, ay, Sergio, que vas tarde, ¿de dónde vienes?”, le pregunto interesado.
-”De por ahí.” contesta evasivo.
-”¿Y qué clase tenías a primera?”
-”No sé, profe, es que no me he aprendido el horario” me dice con tono un poco guasón.
-”¡¿Cómo es posible, Sergio, qué desastre, a estas alturas del curso?!”, le recrimino.
-”No pasa nada profe, ahora me dejo llevar por la corriente y todo solucionado.”
Tras una pequeña pausa, le tanteo:
-”Me he enterado que quieres hacer bachillerato.”
-”Sí profe.” me dice ilusionado. “He pedido los libros de cuarto y los estoy estudiando en casa. Ahí estoy haciendo los ejercicios de ciencias, mates y física y química. Ya tengo un cuaderno lleno.” me cuenta tranquilamente.
-”¿Y ese cambio, Sergio, cómo ha sido?”
-”Pues porque no quiero quedarme sólo con un título de grado medio, quiero uno superior” me dice y es la primera vez que le oigo hablar de su futuro, afrontar su porvenir con una actitud positiva. Me alegra tanto que casi me emociona.
-”Y además, Sergio- le digo -teniendo las capacidades para hacerlo, es una pena desaprovecharlas.”
Pero Sergio no me contesta, no sé si le da vergüenza. Me siento un poco torpe de haberlo mencionado. A lo mejor es algo que no considera importante.


Lo importantes es que ¡allá va Sergio!, se ha puesto en movimiento con su imponente cuerpo y su imponente cabeza. Y si consigue superar sus fantasmas familiares quizás le veamos llegar lejos. 


(Os recomiendo una página interesante: www.iqtest.dk. ¡Suerte!)

jueves, 30 de octubre de 2008

Aarón, un pequeño genio


Así se llama, Aarón, y es un pequeño genio: es el chaval más pequeño del instituto, (y me estoy refiriendo al tamaño, chiquitín chiquitín) y tiene además un gran genio (o bastante carácter, depende de cómo se mire). En un mes de instituto ha acumulado quejas y partes de un montón de profesores, ha sido sancionado por montar bronca en los pasillos, ha sido resancionado por montar bronca en el patio y casi cada día en jefatura de estudios tienen el gusto de contar con su compañía: "Es que no me puedo controlar", dice.

Ayer por la mañana:

-"Profe, déjame una fregona, por favor" le pide a Mateo, uno de los jefes de estudio.
-"¿Cómo una fregona, Aarón? ¿Qué ha pasado, con quién estás en clase?
-"Con la de dibujo, es que se ha caído un poco de agua", dice Aarón, y esto tranquiliza a Mateo, que piensa en acuarelas y agua para limpiar pinceles, fácil de derramar.
-"Te acompaño al aula", dice mientras coge el cubo y el mocho.

Cuando llegan a la clase se encuentran con la profesora de dibujo explicando polígonos (adiós a los pensamientos tranquilizadores con acuarelas), y un charco considerable junto a la mesa de Aarón, en el cual se distinguen algo así como huevos de rana transparentes y de distintos colores. 

-"¿Qué ha pasado aquí, Aarón? pregunta Mateo.
-"Pues que Boban ha traído unas bolitas que absorben el agua, y quería ver como se hinchaban..." 
-"¿En medio de una clase, Aarón?
-"Perdón"

La profesora aprovecha para protestar de su comportamiento y desfogarse un poco. Con razón. Fin de la historia, que esta vez se ha quedado en una simple trastada.

Aarón es el más pequeño porque sólo tiene 11 años: ha cursado la primaria en cinco años en vez de en seis porque es superdotado, y esa singularidad le lleva a no poder estarse quieto, a querer investigarlo todo. 
Este chico nos va a deparar buenos momentos (y malos, y extraños, y sorprendentes, y cómicos) en el instituto. 

Dios proveerá.